Ellas alman
¿Dónde se busca, aquello que no se ve?
"Las mujeres entrelazan el hilo, lo fijan, lo dibujan... y así tejen historias de amor y de duelo en sus tejidos, historias que guardan en sus labores como un grito."
Rosario Castellanos- Costureras
Desde hace algún tiempo, Mariel Zucchi y Mariela Bravo emprendieron un camino juntas, en el que el bordado ha sido y sigue siendo testigo de una unión que evoca una acción compartida con otras mujeres que habitaron estos mismos mundos.
El gesto de tomar la aguja y observar cómo traspasa los paños de tela las conecta con un relato que atraviesa la historia universal, permitiéndoles formar parte de él.
Ellas, las que bordan. Las que escriben. Las que, en sus encuentros entre agujas y madejas, construyen amuletos con hilos que sostienen destellos luminosos de abejas, aves, mariposas, abrazos, soles y lunas.
Ellas, las que alman. El alma, ese principio vital que anima al cuerpo, aquello que infunde vida y transforma, con un soplo, lo inerte en algo viviente. Aquello que intuimos, que sentimos, que sabemos que existe porque confiamos. Esa chispa de magia que percibimos a nuestro alrededor.
Esto mismo es lo que cada una de ellas hizo y hace en sus creaciones: el bordado les dio la posibilidad de dar vida a un sinfín de pensamientos, imágenes y deseos que las acompañaban desde siempre y que, en el textil, encontraron su cauce. El hilo y la aguja, la chispa que todo lo encendió.
Ellas mismas dicen “La que borda es nuestra alma”. Y pienso: almar: evocar la idea de conectar profundamente con algo, de tal manera que se condense en autenticidad, profundidad y esencia.
Mariel Zucchi y Mariela Bravo construyen juntas un cuerpo de obra que funciona como un refugio, un espacio de seguridad, un hogar trenzado. Un cuerpo de obra táctil y tangible, la manifestación palpable de aquello que no se ve, pero que percibimos. Como en un bordado, donde contemplamos su cara visible y sabemos que, detrás, existe otra parte: oculta a la vista, pero presente, sosteniendo la trama.
Gaston Bachelard, en La poética del espacio, dice: “No solo albergamos nuestros recuerdos, también albergamos nuestros olvidos, nuestro inconsciente. Nuestra alma es una morada. Al recordar las casas, las habitaciones, aprendemos a morar en nosotros mismos”.
Así, este cuerpo de obra se constituye como una casa que alberga las presencias visibles e invisibles de ambas artistas.
Mariel Zucchi nos invita a perdernos entre sus palabras, que evocan luchas y memorias perceptibles. Nos guía hacia su infinita sensibilidad donde brotan animales y plantas, mezclándose con sus ninfas y brujas oníricas y aladas.
Mariela Bravo nos resguarda en sus moradas, atesorando espacios sagrados de su imaginario, en cuerpos que danzan en tonos azulinos y en textos desgarrados llenos de esperanza. La densidad de sus puntadas nos guía hacia sus pensamientos más íntimos.
Y, citando nuevamente a Bachelard: “Las imágenes importantes tienen a la vez una historia visible y una historia oculta. Siempre son a la vez recuerdo y leyenda”.
Ambas artistas nos invitan a sumergirnos en su caudal de imágenes, que brotan sin cesar de sus almas/manos, tejiendo un puente entre lo tangible y lo inefable.
Mariana Guagliano- Noviembre 2024