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Hacia donde la aguja nos lleve (o como dejar que crezcan flores en la noche)

Hacia donde la aguja nos lleve (o como dejar que crezcan flores en la noche)

HACIA DONDE LA AGUJA NOS LLEVE

(o cómo dejar que crezcan flores en la noche)


Los textiles solo están muertos si dejamos de darles conversación.
 Todo lo que un textil puede , Constanza Ruibal, Soledad Simón.


¿Qué pasaría si contáramos la historia desde la perspectiva de la aguja y el hilo?, se pregunta Margot Glantz en su ensayo La modernidad empieza con una aguja.
 ¿Y qué pasaría si contáramos nuestra historia personal desde la aguja y el hilo? ¿Cuál fue nuestro primer vestido favorito? ¿Recuerdan cómo estaba vestida su mamá en algún abrazo infinito? ¿Cómo eran las cortinas de la casa de su infancia?

La historia que hoy se despliega aquí, en Hacia donde la aguja nos lleve, es una historia enlazada por la aguja y el hilo, que con su danza saltarina fue uniendo territorios, países, corazones y manos, al compás de bastillas, puntos nudo e hilvanes.

Hace varios años comenzamos un camino en el que nuestros anhelos y pesares, nuestras ilusiones y desamores, se fueron trenzando en un tejido infinito, sostenido por la práctica de reunirnos a bordar en comunidad.

La aguja, nuestra arma sigilosa, fue allanando el camino hasta convertirse en mensajera de nuestra singularidad. Una singularidad que cubre de imaginario simbólico cada uno de los textiles presentes en esta primera apertura de procesos: palabras que evocan recuerdos y otras que nos abrazan con esperanza; prendas que sostienen lunas y soles resplandecientes; puntadas negras llenas de ternura; lágrimas convertidas en hilos deshilvanados; brillos como gotas de rocío; flores y hojas como amanecer.

Somos parte de una historia que nos precede y nos envuelve. Nos unimos a Aracne para reinventar su tapiz y con Ixchel tejimos lo que sana. Matilde nos enseñó a bordar las crónicas de la guerra, y Ann Macbeth nos inspiró con su “estilo de glasgow” a hacer pancartas y ocupar las calles con las sufragistas. Remedios Varo nos invitó a  bordar  el manto terrestre con pinceladas azules y doradas, y Monica Millan nos regalo un cielo sembrado de flores pasionarias. 

Bordar nos acompaña en la espesura de los días, nos conecta con el presente, nos hace respirar. Bordar nos convierte en una telaraña de flores que sube por nuestros cuerpos muchas veces rotos. Bordar toma nuestras memorias y las resignifica con cada puntada. 

Hoy este cuerpo de obras baila entre paredes que sostienen la historia de una ciudad. La decisión de dejar ese rastro del tiempo en este edificio, es hilar una conversación con esa historia. 

Eso mismo hacemos como bordadoras: conversar con la memoria, hilvanarla, sostenerla y resignificarla. Ya no somos una sola, sino muchas. Todas. Formamos un coro que entona una misma melodía. 

Y es allí donde nace la vida del textil: en la puntada que atraviesa la tela, pero también en la conversación silenciosa que se inicia entre ustedes y la obra. Cada mirada, cada gesto, cada respiración frente a estas piezas vuelve a encender el hilo.
 Las despierta. Las sostiene.
 Les devuelve la vida.

                                                                                     

                                                                                                     Mariana Guagliano – 2025



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